
Tener buenas manos al frente de los fogones es fundamental. En esta casa, el obrador está lleno de mujeres y hombres con olfato para los negocios, gusto para los sueños, vista para otear el futuro, tacto con el producto y oído al parche. Gente de excelente paladar, exigentes con la materia prima que compran en el Mercado de las Ideas (abre muy temprano, por cierto), buscadores del matiz, tan capaces de hacer un canapé de dos módulos como de elaborar un amplio y creativo menú premiado por expertos asturianos, nacionales e internacionales. Nos ha costado trabajo, tiempo y dinero hacernos con buenos profesionales. También hemos perdido alguno, es verdad, pero el fuego nunca se ha apagado ni hemos renunciado a nuestro sueño de ofrecer a todo el mundo un menú lo menos convencional posible. Los cocineros de sueños de BITTIA han salido de la mejor tradición creativa del país. Podrían haberse acomodado, preparando únicamente sabrosos y rentables menús del día o ligeros tentempiés, siguiendo una cierta tradición de nuestra gastronomía publicitaria regional. Pero no: en todos hay ese afán por no ser como los demás, de romper los moldes: los de las tartas y los propios. Un cartel con el lema “No se hace tortilla sin romper algún huevo” preside nuestra nada convencional cocina. Y, habitualmente, las comandas entran y salen con calidad y precisión. Como dijo aquél, “si en mi casa se hacen los mejores chuletones ¿por qué voy a andar por ahí comiendo hamburguesas?”. Pues eso.